El desafío del S.XXI consiste en dar un salto significativo en nuestro modo de convivir.

Annabella Zaccarelli V. | 2012

Uno de los desafíos que enfrenta este S.XXI, consiste en dar un salto significativo en nuestro modo de convivir. En este sentido creo que somos privilegiados por pertenecer a una era en la cual converge la preocupación por la productividad con la inquietud por la calidad de vida de las personas.

Hoy en día las empresas están cada vez más preocupadas de la calidad de vida de su personal, del estilo de liderazgo que quieren implementar, de la cultura organizacional que quieren producir,  y el motivo de esta preocupación pareciera ser la toma de consciencia de que la sustentabilidad de prácticamente cualquier negocio, está en la capacidad de crear lazos de confianza tanto entre los miembros de una organización, como en la relación con el cliente final.

Lo anterior representa una maravillosa oportunidad para reformular nuestra comprensión del ser humano, de nuestra cultura cívica, así como de las organizaciones y de lo que entendemos por “Negocio”.

Así como algunos autores hablan de que una empresa no es otra cosa que una red de Conversaciones, y luego dan el paso de comprender esta red de conversaciones como una red de Promesas, yo quisiera instalar el concepto de que cualquier organización tiene la oportunidad de re significarse como una Red de Cuidado, lo que conlleva el alineamiento organizacional como consecuencia.

Al hablar de las organizaciones como Redes de Cuidado, me refiero a una organización cuyos miembros comprenden que su sentido de existir en esa empresa, está dado porque son parte de una red de clientes internos y externos de los cuales se hacen cargo mutuamente de sus inquietudes y necesidades,  acotadas al ámbito en el cual interactúan. Esto hace que deje de tener sentido el organigrama clásico, los cargos actuales y la sumatoria de tareas que entendemos que conllevan y a reemplazar estos conceptos por la genuina preocupación por dejar todos los días clientes satisfechos, lo que genera adicionalmente una emocionalidad muy positiva, cuando sentimos que podemos ser un aporte significativo para otros, independientemente del rol que estemos cumpliendo en un momento determinado.

Lo anterior solo es posible cuando logramos desaprender, despojarnos de nuestro paradigma occidental de que somos seres primordialmente racionales, de entender que somos parte de un universo en el cual quizá nuestra participación sea estar al servicio de la naturaleza así como de los otros seres humanos con los que interactuamos, más que dueños y señores de ésta. Cuando somos capaces de despojarnos del sentimiento de obviedad en el cual habitamos y nos percatamos de que existen otros, distintos a mí, que habitan este mundo desde perspectivas y experiencias insospechadas y recién ahí comienza la apertura al verdadero encuentro con el otro, el agradecimiento a la diversidad, la gratitud por tener fortalezas limitadas porque eso nos permite valorar las fortalezas de los otros y validar por tanto su aporte, agradeciendo su existencia.

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